Reino de las montañas Altai

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miércoles, 24 de mayo de 2017

Un poco de cicloturismo por la geografía peninsular



Finalmente, tras muchas veces pensado, auné finalmente dos pasiones; bicicleta y viajar. Aún no entiendo cómo pude tardar tanto, aunque supongo que siempre, la compañía ayuda.

Van aquí algunas salidas realizadas por la geografía peninsular, que iré actualizando tras cada nueva etapa.



1.- Sierra de Segura.


Varios días de cicloturismo por la Sierra de Segura. El primero, tras echar "gasolina" en Río Madera, y dejar el coche en La Toba, consistió en la circular al embalse de Anchuricas, como siempre he pensado, un trocito del paraíso. 



Atravesando el río Segura para poder volver por la carretera a La Toba.


Al día siguiente, subimos a Santiago de la Espada donde dejaríamos el coche por los próximos dos días. Comienza la aventura, camino de la Venta de Ticiano.


Tras otro breve repostaje, toca sufrir mucho para subir hasta el Puntal de las Buitreras, a través de La Muela y Marchena.




Ya en la parte alta, con el Puntal de Misa frente a nosotros.





Finalmente, con las últimas luces, llegamos a nuestro destino, donde vivaquearemos esta noche. Nos preparamos para una merecida cena de gala, que las alforjas pesan mucho en parte por los lujos con los que nos vamos a deleitar... Abajo, el Anchuricas.


Cae la noche bajo la atenta mirada de Polaris...



A la mañana siguiente recogemos todo y nos disponemos a volver a Santiago. Hemos quedado para tapear en Úbeda y aún queda un largo camino. Qué estrés de cañas, por favor...






2.- Algarve I: Sagres - Carrapateira


Esta vez nos fuimos al país vecino a recorrer su majestuosa costa oeste y disfrutar de su también majestuosa gastronomía. ¡¡¡Gracias vecinos por el arroz de polvo y los percebes!!!

Tras llegar a Sagres donde dejaríamos el coche, nos damos un paseo para contemplar el atardecer desde la playa de Tonel.



A la mañana siguiente, nos pusimos en marcha, rumbo al cabo de San Vicente desde el que ya, siempre en dirección norte, recorreríamos esta parte de costa.





Atravesando zonas boscosas camino de Carrapateira, habiendo dejado atrás Vila do Bispo.



Ya en Carrapateria hacemos la circular que une las playas de Amado y Bordeira antes de que caiga la noche.




Atardece, y nos disponemos a entrar en el pueblo, darnos una merecida ducha y cenar como reyes.


Al día siguiente, vuelta a Sagres por la carretera, con un pequeño chaparrón de media hora para hacernos disfrutar aún más de la experiencia.



3.- Algarve II: Carrapateira - Aljezur


No pasaría mucho tiempo hasta que volviéramos a esta zona, pues es una maravilla para el cicloturismo y el verano aún no ha llegado, con todas sus ventajas de temperatura y personal fastidiando momentos únicos y fotos.

Tras llegar a Carrapateira, dejamos el coche y nos damos una vuelta por los alrededores. Sin duda, otro pequeño paraíso para desconectar.





Al día siguiente, vuelta a los caminos. La idea es seguir la línea de la costa rumbo norte hasta Aljezur. No conozco la zona más que de observar las imágenes de Google Earth, y lo que parecían caminos agradables tornaron arenas movedizas... Sufrimos un poco para atravesar y salir del sistema dunar que acompaña a la playa de Bordeira...





Pero todo se hace, y una vez junto a los acantilados la cosa mejora un poco.


Aunque claro, a veces esos senderillos que se ven en los mapas resultan ser un poco menos practicables de lo esperado... No hay más problema que bajarse de las bicis, y en algún que otro punto, subir primero alforjas y bajar de nuevo a por las bicis. Imposible subir siquiera empujando con todo el equipo...



Aprovechamos un descanso en el camino para contemplar las vistas al océano y aligerar peso de nuestras zapatillas, pues llevamos parte de las dunas con nosotros.



Un poco de agua, que hoy el calor aprieta más que en nuestra visita anterior, y ponemos rumbo a la playa do Canal.







Antes de llegar a Aljezur, decidimos asomarnos a los acantilados para ver el camino que aún nos queda por recorrer. Sin duda, un regalo para la vista.



Finalmente, baño rápido en la playa de Arrifana y para el pueblo. Al día siguiente restaría la vuelta a Carrapateira por la carretera.


Seguiré añadiendo entradas conforme se vayan sucediendo en el tiempo.


Saludos,
Miguel Navarrete


jueves, 3 de noviembre de 2016

Selva de Irati, valle de Ordesa y Monte Perdido


El otoño sigue su curso y, aprovechando unos días de descanso, decidimos poner rumbo al norte, a disfrutar del otoño en latitudes estos días más coloridas. Tras una parada obligada en Logroño (gracias Pepe por tu hospitalidad y amistad, como de costumbre), continuamos hacia Ochagavía, donde dormiremos para recorrer la selva de Irati al día siguiente.



El arte y la alegría vienen siempre con nosotros, vayamos donde vayamos.


Tras disfrutar de la gastronomía local y el buen vino navarro, por la mañana ponemos rumbo a Irati, a disfrutar del otoño en el segundo hayedo-abetal más extenso de Europa...








Nos despedimos de Irati poniendo rumbo a los Pirineos aragoneses, rumbo al valle de Ordesa y su guardián, el Monte Perdido.


Tras llegar de noche a Torla y no "entender nada", disfrutamos de una gran cena y a la cama, que al día siguiente comienza la aventura...


Llegamos temprano a la pradera de Ordesa y ultimamos las mochilas (mochilones, pues no hay sitio en el refugio de Góriz y toca subir tienda, sacos, aislantes, material y ropa...). Tras remontar la empinada Senda de los Cazadores, alcanzamos la Faja de Pelay por la que recorreremos el valle camino del circo de Soaso.








Un poco más adelante, damos vistas al fin a nuestro objetivo del día siguiente; el Monte Perdido (3.355 m).



Una vez alcanzado el circo de Soaso, remontamos las pendientes que se dirigen a Góriz, lugar donde acamparemos.


Mientras, el valle de Ordesa va quedando a nuestros pies.


Llegamos finalmente a Góriz donde rápidamente montamos nuestra tienda y nos disponemos a disfrutar de los últimos rayos de sol con unas buenas cervezas. Hay que hidratar, y nada mejor que un lugar con buenas vistas para reponernos.



Tras una suculenta cena, cae la noche y nos disponemos a dormir pronto, pues a las 4:45 am sonarán nuestros relojes y habrá que empezar a recoger todo para salir camino a la cumbre. Dejaremos en Góriz la tienda, sacos y aislantes, y proseguiremos con el resto de material.


Son las 5:40 am cuando comenzamos la aproximación a los muros que defienden el Lago Helado. Hay luna nueva, por lo que la oscuridad es total. Con la ayuda de nuestros frontales, intentamos divisar hitos de piedra que nos orienten en la negrura de la noche.


El amanecer nos sorprende, por suerte, al llegar al primer muro. Sin dudar, la gitanilla valiente se encarama a este y lo supera sin problemas, siempre con una sonrisa en la cara y mucha ilusión.


Continuamos a través de la Ciudad de Piedra camino del segundo muro. Abajo, el valle de Ordesa comienza a despertarse... 



Alcanzamos las primeras pendientes de nieve antes del tercer muro, que lo superamos casi con ansia para llegar ya a Lago Helado y acometer el ascenso de la Escupidera. Al fondo, el mundo duerme bajo un mar de nubes mientras nosotros proseguimos hacia la cumbre.




Ya en Lago Helado, nos colocamos las botas y crampones y sacamos los piolets. Con unas cintas y unos mosquetones fabrico un par de arneses de fortuna y nos encordamos, listos para iniciar el ascenso final. Nos advirtieron en el refugio que la nieve está muy dura y hay mucho hielo en la parte superior de la canal, por lo que no dejaré ningún margen a la improvisación. 


Remontamos las primeras pendientes por una arista de nieve camino de la parte central de la Escupidera.



Hasta que finalmente nos metemos en la canal. Nieve durísima que no permite una caída sin conocer de primera mano la técnica de autodetención. Cuerda siempre tensa y pasos tranquilos y certeros, sintiendo como los crampones muerden y se clavan en la superficie helada.


Y hacia arriba, las partes más empinadas de la Escupidera, junto con los resaltes de roca y hielo en sus últimos 150 metros. Empieza la diversión... 



Una vez alcanzada la última parte, el hielo es el protagonista. No habrá más fotos en esta sección pues mis dos manos estarán pendientes de cuerda y piolet, asegurando en cada paso a mi compañera de viaje.


Tras sufrir un poco y batallar contra el hielo, salimos al hombro del Perdido desde el que accedemos finalmente a la cumbre...


3.355 metros escalados en unas condiciones de nieve durísimas. Enhorabuena, gitanilla. 


Desde la cumbre, nos disponemos a disfrutar de las vistas en un día de tiempo espléndido...

El Soum de Ramond


El valle de Ordesa


El cañón de Añisclo


Felicidad y tranquilidad en cumbre, con el Cilindro de fondo y el Lago Helado a nuestros pies. En último plano, el macizo del Vignemale.


Tras unos momentos disfrutando de la cima, volvemos a la escupidera y acometemos un descenso delicado. Tocará descender la mayor parte de los tramos de nieve/hielo de cara a la pendiente, clavando fuerte el piolet y bajando con calma, con las puntas de los crampones, asegurando en los pasos más comprometidos. Una vez dejamos atrás los tramos de hielo y volvemos a la nieve dura, descansamos un poco para recuperar el aliento y seguir hacia abajo, más relajados y rápidos ya, camino de Lago Helado.




Allí, nos desencordamos, quitamos botas y material e iniciamos un descenso meteórico camino de Góriz donde recogeremos todo el material y continuaremos hasta la Pradera donde cargar el coche y poner rumbo a Huesca. Un largo día con una actividad de más de 13 horas ininterrumpidas..., pero con la cumbre en la mochila.


Recorremos los últimos kilómetros disfrutando de los colores y olores del bosque que se perciben mucho mejor, una vez se dejan atrás las cimas...







Viaje realizado en otoño de 2016. Buen estreno en alpinismo invernal, guapa.



Miguel Navarrete
Noviembre de 2016